Lema Anual

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Introducción

Siguiendo el caminar iniciado en el 2020, este año nos convocará la tinaja de la Animación y el Servicio. El pasado año nos convocó la tinaja de la Misión Educativa y el anterior la tinaja de la Pastoral Vocacional. Las distintas tinajas ponen de manifiesto las prioridades tomadas por el Distrito Divina Providencia en julio del 2019.

El pasado año nos animamos a ser artesanos de fraternidad desde el lugar que el Señor nos convoca a cada uno al seguimiento, pues Él nos quiere hermanos y hermanas en el caminar, hijos e hijas del Padre común, hacedores de la mesa redonda donde todos se sientan bienvenidos y artífices del sueño del Reino.

La fraternidad reclama un estilo de relaciones donde el que quiere ser el primero debe hacerse el servidor de todos, porque el servicio es el termómetro que marca nuestra vivencia de la fraternidad.  

En virtud de ello este año seremos desafiados a vivir al servicio de la vida, a ser servidores de ella, pues ella es la primera palabra silenciosa y tiene la última palabra y a ella queremos aliarnos para un ‘buen vivir’ (en quechua sumak kawsay) que implique a todos. Aliarnos a la vida con mayúscula, Jesucristo nuestro Señor, es la mejor apuesta que podremos hacer, pues no defrauda.

El Capítulo del Distrito en la presentación de la tinaja de la Animación y el Servicio expresa que los servidores en la boda de Caná de Galilea “son los que con su tarea posibilitan el milagro. Saben de dónde procede el vino, cuando, en cambio, el maestresala sólo saborea y percibe la calidad. Son los testigos oculares del acontecimiento. El servicio se hace animación de la fiesta y la animación se convierte en servicio. No hay posibilidad de animación verdadera si no es desde el servicio, así como no hay servicio que no anime a otros a hacer lo mismo”.

La actitud de María, en primer lugar, y de los servidores hizo que la fiesta no naufragara, porque se pusieron a disposición de Jesús, y este hizo que la fiesta de la vida continuara con el mejor vino. Jesús siempre está dispuesto a ser garante de la fiesta de la vida y de una mejor vida para todos y cada uno de sus hermanos y hermanas. Y los que se dicen sus discípulos misioneros, deben actuar en la misma sintonía y de buena gana (Cfr. Ef 6,6-7)

Y es por ello que el documento capitular expresa que los menesianos, en el Cono Sur: “Soñamos con comunidades fraternas en las que la animación y el servicio estén centradas en las opciones del Reino, desde los rasgos fundacionales de alternativa y frontera, donde los proyectos y decisiones potencien la educación evangelizadora de todos, privilegiando a los más pequeños”.

Servir es una decisión personal, pero se vive en comunidad. Cuando es la comunidad de discípulos misioneros la que sirve, este trasciende barreras y se hace potente anuncio evangélico porque encarna la manera de vivir del Maestro que en la última cena se puso a lavarles los pies a sus discípulos (Jn 13,5) porque no vino a ser servido sino a servir (Mt 20, 28) y a dar la vida en rescate de todos.

Mirando al logo

Observamos en primer lugar un grupo de manos diferentes entrelazadas en actitud de acogida, compañía, servicio, contención. Manos diferentes en tamaño, color, forma, etc. Como el pasado año, son el signo por excelencia. Manos abiertas, en actitud de brindarse, implicarse.

Luego la mirada se dirige a una tinaja, con forma de sol, que vierte agua, como si fuera un manantial y que forma el Dios Solo, para terminar en una corriente de agua que riega el verde campo, la creación, la Casa Común.

Más arriba nos encontramos con la frase ¡Al servicio de la vida!, y más en pequeño menesianos. Los menesianos son los desafiados a vivir al servicio de la vida. Al servicio de toda vida, porque toda vida vale, y como dice el canta-autor argentino León Gieco en su tema ‘Los Salieris de Charly’:

Queremos ya, un presidente joven, que ame la vida, que enfrente la muerte.
La tuya, la mía, de un perro, de un gato, de un árbol, de toda la gente.

De fondo nos encontramos con el celeste cielo, el verde pradera y el azul celeste del agua que dan cuenta de la creación toda, que a una voz nos canta que es creatura salida de la mano misericordiosa de Dios creador.

Por último en el azul celeste del agua nos encontramos con el 2022, con el tiempo presente, con el momento actual en el que estamos llamados a actuar, no es mañana es hoy, es en este 2022 que tenemos que vivir con mayor conciencia al servicio de la vida, porque de lo contrario será tarde.

Implicancias

La primera implicancia que podemos constatar es la necesidad de poner manos a la obra si queremos ser servidores de la vida, que no hay servicio serio sin implicarse, sin ‘embarrarse’ las manos en la situación concreta.

Servir implica estar en actitud de salida, caso contrario será servirme. El que sirve, el que quiere estar al servicio de la vida, necesariamente tiene que descubrirse volcado hacia los demás, contemplando la vida con actitud reverente, pues ella es el primer y fundamental derecho sobre el que se apoya cualquier otro.

Si miramos a Jesús, sus gestos de servicio a favor la vida implicaron sus manos: lavó los pies de sus discípulos, tocó al leproso, el féretro del hijo de la viuda, los ojos del ciego, los oídos y la lengua del sordomudo, partió el pan cuando quiso dar de comer a la multitud, impuso las manos y bendijo a los pequeños, tomó de la mano a la hija de Jairo y la levantó, extendió su mano y sostuvo a Pedro cuando se hundía, etc.

Las posturas y expresiones de nuestras manos hablan de nosotros, de nuestras actitudes, de nuestras posturas ante los demás y ante la vida misma… manos tendidas, manos cerradas, manos en los bolsillos, manos cruzadas, manos atrás, manos en la cabeza, manos abiertas, manos levantando, manos hundiendo, etc. ¿Qué postura/actitud de manos quiero tener, vivir este 2022 en relación a la vida, a los demás, a toda vida?

Sí, estamos invitados a servir a toda vida, porque amamos la vida: la tuya, la mía y la de toda la gente, la de un perro y la de un gato, la de un árbol y de toda la naturaleza. Todos los informes técnicos referidos a la vida (a toda vida) en relación al cambio climático nos alertan de que estamos muy próximos al punto de no-retorno; no hay tiempo que perder, si no queremos llegar tarde y que el esfuerzo sea inútil.

En más de una instancia estar al servicio de la vida, implica la denuncia de aquellas prácticas que ponen en riesgo la vida, la mía, la tuya, la de toda persona. Prácticas de abuso de poder, gestos de mal trato, autoritarismos, descalificaciones, etc. Ante esto somos impelidos a la denuncia, pues no hacerlo es ser cómplices de un atropello.

También ocurren atropellos a la creación, a la Casa Común (extractivismo, uso de agrotóxicos, contaminación del agua, etc.) y ante ello estamos llamados a tener una actitud profética, anuncio y denuncia, y sumarnos a aquellos movimientos que intentan favorecer la toma de conciencia del cambio urgente de estas conductas destructivas del planeta y de la vida humana. 

Quiera Dios que este año la Familia Menesiana viva al servicio de la vida: de la vida de los más pequeños que le son confiados en los centros educativos, de los mayores que requieren escucha y paciencia, de las personas en situación de calle que golpean nuestras pupilas, de los que se sienten solos, que no cuentan, de los que no tienen voz porque aún no han visto la luz, de los que en silencio buscan abrirse camino, de la Casa Común y de toda vida.

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