Lema Anual

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Presentación del lema 2018

 

Introducción
El lema de este año está enmarcado en el trienio preparatorio del BICENTENARIO del nacimiento de la Congregación de los Hermanos de la Instrucción Cristiana (Menesianos). La invitación que queremos profundizar durante este año es la LLAMADA al seguimiento de Jesús.

La llamada siempre es iniciativa de Dios. Él nos primerea en el amor. Nosotros podemos secundarlo, si queremos, viviendo el discipulado. Por ello, toda dinámica vocacional implica llamada y respuesta. No hay llamada sin respuesta, ni respuesta sin llamada. El llamado de Dios se da en la realidad. Dios no llama fuera de ella. Es Dios quien en la realidad nos provoca y nos convoca. Pero ello supone que vivamos conectados. Conectados con nosotros mismos, conectados con los otros, conectados con la realidad y conectados con Dios. Quien vive conectado puede dar cuenta de las mociones internas que la realidad le provoca.

Salir es la respuesta que brota de aquel que se siente provocado a responder. Salir es un síntoma de salud vital en la persona. Quien vive en salida, no se estanca, no se anquilosa, se encuentra con otros y en ellos con el Otro.

Mirando al logo
Lo primero que percibimos es la forma una huella. La huella de un pie, de un pie derecho, de un pie con una inscripción en su planta. Huella que nos habla de algo acontecido, del paso de alguien, de movimiento, de caminar, de espacio sensible para recibirla.

La cruz concentra la mirada. Cruz que simula ser una antena de wifi. Cruz que es luz y salvación para los creyentes en Cristo Jesús y escándalo para otros. Cruz que es camino de fecundidad y lugar de discernimiento del querer de Dios. Cruz que nos recuerda que el seguimiento de Jesús está marcado por momentos de contradicción, pero donde la última palabra la tiene la vida.

Bajando la vista nos encontramos con una DS que para los Menesianos no es un signo menor, es la divisa, es el Dios Solo, es la razón vital por la que luchar y vivir. Es la clave para permanecer conectados. Es la contraseña de la wifi. “¡Dios sólo en el tiempo! ¡Dios sólo en la eternidad! ¡Dios sólo en el día de hoy, en todo y en cada cosa! ¡Dios sólo!”

Hacia abajo nos encontramos con la frase del lema en dos tonalidades distintas, como indicando dos movimientos. La primera parte de la frase: Jesús nos llama (primer movimiento) y la segunda: salgamos a su encuentro (segundo movimiento en todos los sentidos). El tono de la primera es más fuerte y el de la segunda más cálido.

Los dedos de la huella simulan los cinco continentes donde estamos presentes los menesianos. Distintos ellos en tamaño y en color, aunque todos dentro de la misma gama. La llamada de Dios resuena en todos lados. Dios sigue llamando a su seguimiento, aquí y allá, allá y aquí. Dios sigue convocando a hombres y mujeres para dar respuesta a las llamadas y urgencias que el mundo de hoy plantea. Su voz no viene vía realidad virtual, viene de lo concreto, donde hay niños y jóvenes que sufren y claman auxilio.

Llamadas
La primera llamada que podemos poner de relieve es la invitación a caer en la cuenta que en la relación con Dios, siempre él nos primerea. Su amor nos precede. Amamos porque hemos sido amados. Si nosotros nos movemos hacia Él es porque antes Él se ha movido hacia nosotros. Esta llamada nos mueve al agradecimiento por cuantos nos han amado y han sido rosto de Dios para nosotros.

Quien ama llama. Jesús ama y por eso llama a su seguimiento. Seguimiento que es caminar tras los pasos del Maestro. Seguimiento que implica intentar vivir como Él vivió. En palabras de Juan María: “que sigamos a Cristo Jesús en todos sus caminos, que juzguemos todas las cosas como Él las juzga, que amemos lo que Él ama, que despreciemos lo que Él desprecia, en una palabra, que todos nuestros pensamientos sean conformes a sus pensamientos y que seamos su imagen viva”.

El llamado es a ti y a mí, es a él y a ella. Llamado que es personal y que se da en la comunidad. Jesús no llama fuera de ella. Jesús llama en la realidad de los que más sufren, de los pobres, de los marginados, de los que habitan las periferias existenciales, de los jóvenes sin rumbo, de un compañero que necesita, de una mamá que pide una mano, de la maestra que desafía a la inclusión, etc. Una llamada que no surja de la provocación de la realidad, es para sospechar de su veracidad.

La realidad de la educación de los más pobres de la Bretaña francesa los provocó a Gabriel Deshayes y a Juan María, y percibieron la voz de Jesús en las voces de los niños, jóvenes y familias. Ante esto no quedaron de brazos cruzados. Se encontraron, buscaron juntos y una vez conocido el camino se lanzaron a poner por obra lo soñado como respuesta. No lo hicieron solos. Necesitaron de otros y a otros convocaron.

“Salgamos a su encuentro” es la invitación a dar como respuesta a la llamada. Salgamos al encuentro de Jesús en la situación que nos provoca. Es el mismo Jesús quien nos dice: “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos lo hicieron conmigo” (Mt 25,40). Es decir que en el más pequeño habita Jesús y que su grito de auxilio es grito de Jesús, que quiere poner en movimiento nuestras manos y pies.

“Salgamos” (plural) es la invitación. Salgamos con otros, no como llanero solitario, lo hacemos en el marco de una comunidad, la salida con otros es la que más se encuadra en el querer de Dios, pues Dios es comunidad y me quiere siendo y haciendo comunidad.

La salida comunitaria es en red, enlazados con otros, sostenido y sosteniendo a otros. Esta salida es más garantida, tiene más posibilidades de futuro y por ello más responsable. Esto es lo que se merecen los destinatarios: el mejor nosotros.

Salir es uno de los verbos predilectos de nuestro Papa Francisco. No se cansa de invitarnos a vivir en salida, como Abraham, María, Juan María y Gabriel y el mismo Jesús. El que sale toma aire nuevo. El que sale corre riesgos, pero no enferma por encierro. El que sale no lleva “la casa encima”, sale con lo justo y necesario, anda ligero de equipaje, dispuesto a hacer experiencia de hospitalidad. Vivir en salida es una actitud esencial del que se dice seguidor de Jesús, pues no hay seguimiento sin vivir en salida.

Ahora bien no hay posibilidad de sintonizar con la llamada y menos aún generar una respuesta coherente a la misma si no estamos conectados. Si nuestra red de conexión, por la razón que sea no funciona, es muy difícil, por no decir imposible, que podamos hacernos eco de las llamadas de Jesús que provienen de la realidad, de los gritos de los más pequeños.

Vivir conectados es un desafío potente para el hoy. Así como nos desespera no tener conexión de red, porque nos sentimos fuera del mundo, nos debiera preocupar y ocupar que estemos conectados con nosotros mismos (sentimientos, emociones, pensamientos, etc.), con los demás, con las voces que provienen de las periferias existenciales, con los gritos inaudibles de la creación y con Dios en todo ello. Quien vive conectado, vive.

 

Hno Benito, Provincial

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