Lema Anual

 lema2020

Introducción

Es el primer lema y logo común que los menesianos que peregrinamos en el Cono Sur tomamos como eje de animación de la vida de las comunidades educativas. Es significativo que el primer lema nos desafíe a algo grande. Sí, somos llamados a algo grande, pues Dios no anda con pequeñeces, y además como nos ama a lo grande, nos llama a algo grande.

Dios ha soñado y sigue soñando grandes cosas con nosotros. También con los menesianos del Cono Sur. El sueño es suyo, no ser obstáculo a ello es un gran aporte. Desplegar velas, es consentir el accionar del Espíritu.

Salir de nuestras estructuras, seguridades, esquemas de comprensión, campos y ámbitos de manejo, a todos nos resulta difícil. La inercia ejerce una fuerza muy grande para no romper con las rutinas establecidas. Salir para encontrarnos es el desafío, un desafío grande.

Jesús le pidió a Pedro que tirara las redes y a éste le costó acceder al pedido en atención a que no entraba en sus esquemas, pero accedió porque el pedido venía del Maestro que había estado hablando a la multitud desde su barca y se lo aclaró: lo hago porque tú lo pides. Ese fue el gran salto. Actuar en su nombre, aunque no entre en mi limitado esquema de comprensión.

Este lema quiere ayudarnos a profundizar en uno de los documento del Capítulo de Distrito donde se hace hincapié en la pastoral vocacional.

Mirando el logo

La barca se impone por sí sola. Es una barca en la que la cruz está grabada. Es una barca especial, se mueve a vela y a remo. Es una barca en movimiento en el lago, río o mar, ya por la marcha, ya por las olas. Esta barca no es foránea, ha llevado un largo proceso de construcción en estas tierras y recién ahora sale a navegar con el nombre de Divina Providencia.

La barca es una realidad esencialmente comunitaria. En ella estaban Pedro, Andrés y Jesús. En la otra barca Santiago y Juan. Nos embarcamos junto a otros y así siempre lo hicieron los apóstoles. La barca es símbolo de la Iglesia.

La barca parece grande, pero sabemos que en la inmensidad del lago o del mar, la proporción es otra. Cada uno logra su justa proporción en el ámbito que le es propio.

La vela no pasa desapercibida, por el color, la proporción, lo bien henchida. El Dios Solo impreso en ella está. No es una vela cualquiera, tiene historia, acompañó el primer encuentro de Misión Compartida en el 2006, que potenció luego la realidad de la familia menesiana. Es una vela henchida por el viento del Espíritu, no por los inestables vientos humanos.

Es una vela plurinacional (Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay) y por lo tanto multicultural. En ella está expresada nuestra riqueza que es nuestra diversidad. El Espíritu es el responsable de generar la unidad en la diversidad. Él es el hacedor de la única vela del Cono Sur. El Espíritu sopla donde quiere y si nos dejamos llevar nos conduce por sendas insospechadas al encuentro con el Señor, el puerto seguro.

El remo es otro de los elementos que vemos. Es un remo menesiano, marcado por la identidad carismática encarnada en el hoy, en el 2020. La espiga está ahí, como indicando que es parte de una realidad que lo supera, la congregación. La identidad se enmarca en el cuerpo congregacional, del cual somos parte.

Otro elemento presente es el agua, agua de un lago, de un río o del mar. Este es el ámbito que le da sentido y misión a la barca. La barca es barca en el agua, aunque el puerto es el lugar más seguro para ella, pero se construyó para navegar. Esa es su identidad.

La frase “Llamados a algo GRANDE” forma un todo en el logo. Al interior de la misma y con otro color se puede leer la expresión “amados a lo GRANDE”.

“Llamados a algo grande” es una expresión de Juan María de la Mennais en el contexto de un retiro a los Hermanos, donde después de hablar de la vocación a la que hemos sido llamados, pide a Dios que haga de ellos hombres según su corazón, entregados, desprendidos, pobres, humildes, dispuestos a todo, a sufrirlo todo por anunciar su palabra: “Han sido llamados a algo grande. Tengan siempre ante su mirada esta alta vocación, para trabajar en hacerse dignos de ella”. Lo grande está en la vocación a la que hemos sido llamados. Ella nos hace grandes.

Implicancias

El lema tiene un claro sentido vocacional. Dios es el que nos llama a algo grande. Nos llama porque nos ama y quien ama, llama. Él que nos ama desde la eternidad, nos ha dado el Ser y nos invita a desplegar lo que somos, pues en esa medida nos realizamos. Nadie despliega lo que no es o tiene. El llamado a desplegar lo que somos viene provocado por la realidad, pues Dios no tiene redes sociales, sino que desde las realidades sociales, nos provoca y convoca.

La provocación de Jesús a Pedro y sus amigos aconteció en la cotidianeidad (en su ámbito propio de vida, la barca, el lago, la pesca, las redes, etc.). Una pesca abundante en el momento menos esperado y después de una larga noche de carencia, los sorprendió sobremanera, al punto de que Pedro reconociera su ser: soy un pecador. La provocación y el reconocimiento de mi identidad me preparan para la convocación al discipulado misionero. Este es el primer gran llamado que todo cristiano recibe.

La provocación (llamada) se da en la cotidianeidad y en la comunidad (la barca). El llamado no es intimista ni espiritualista. Se da en la comunidad (porque somos esencialmente relaciones) y en la realidad. No hay llamado de Dios fuera de estas coordenadas. Ellas son el primer signo de veracidad del mismo. El Dios de la historia provoca en ella, no fuera de ella.

Dios provoca en la realidad, en las aulas, en los patios de las escuelas, en las experiencias de misión, en el servicio a los más pobres. Su voz se hace audible en la voz de los que claman ayuda, en la voz de los que necesitan, en la voz de los que piden justicia, trabajo, techo... Su mirada penetrante es perceptible cuando me dejo interpelar y no doy vuelta la cara o me cruzo de vereda. Ahora bien, a veces, para caer en la cuenta es necesario hacer un proceso de relectura en clave de fe de lo que vivimos, preguntándonos: ¿qué está pidiendo de mí esta realidad?

Desde tiempo muy antiguo la barca es símbolo de la comunidad cristiana, símbolo de la Iglesia, de la comunidad creyente. Todos estamos en la misma barca. Nos salvamos juntos. Nadie se salva solo ni nadie se salva a sí mismo.

He aquí el segundo llamado que Dios nos hace a los menesianos del Cono Sur: ser un cuerpo y un cuerpo para la misión. La conciencia de cuerpo no se decreta. Se decide ser parte de un cuerpo y vivir y actuar como tal. Hagamos nuestra esta llamada.

Los menesianos estamos embarcados en el mismo proyecto de Distrito, diseñado por nosotros hace menos de un año, y para que éste avance se requiere que todos rememos en el mismo sentido. Es posible que no siempre lo hagamos todos al mismo tiempo, pero sí es necesario que todos lo hagamos, en especial los más jóvenes. Los mayores también están embarcados. No es posible vivir el seguimiento de Jesús sentados en la orilla. Ellos nos señalan el horizonte, son memoria, corazón y testimonio de aquello que juntos deseamos habitar.

La barca es una barca cristiana si Jesús está en ella. Estar en la barca con Jesús es hacer la diferencia. Navegar con él es seguro, aunque arrecien tormentas y el cansancio nos embargue. Él es la gran estrella, la brújula segura, el GPS preciso. Él es el Señor de la barca, nosotros los remeros.

Remamos con estilo propio, marcado por la identidad carismática. Al comienzo remaron Gabriel y Juan María, hoy nos toca a nosotros y “en modo Familia Menesiana”.

Los rasgos carismáticos impregnan un estilo de navegación a la barca y en la medida que lo hacemos nuestro crecemos en fecundidad gracias a la fidelidad, porque no hay fecundidad sin fidelidad carismática.

La Pastoral vocacional es carismática, se hace en y desde un carisma, para el seguimiento de Jesús. No se trata del seguimiento de los fundadores ni del carisma. Jesús es la razón. Él es el Señor de la barca. El milagro de la pesca es cosa suya, lo nuestro es tirar las redes en su nombre, aunque no entre en nuestras lógicas.

La Familia Menesiana está llamada a velar por las vocaciones de Laicos y de Hermanos menesianos, para que Jesús siga haciéndose presente en medio de los niños y jóvenes, de modo que la barca no quede deshabitada. Este es el tercer llamado. Hagámoslo nuestro. Estemos por opción en tiempos y espacios de servicio y misión, suscitemos preguntas vitales y acompañemos las respuestas.

Hno Benito
Visitador

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